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La
fiesta más importante que se celebra en Lloret de Mar es la
procesión marítima al
Santuario de Santa
Cristina, que se efectua el día 24 de julio, día
primero de la fiesta mayor de la Villa. (Fiesta mayor: días 24, 25 y
26 de julio). Este día, festividad de Santa
Cristina, virgen toscana y patrona de la Villa, tiene lugar
una vistosa procesión que desde la
Iglesia
Parroquial de Lloret de Mar y en barcas hasta la
playa
de Santa Cristina, llevan las reliquias de la Santa
hasta un Santuario situado en
la cima de un promontorio de dicha playa. La parte folklórica de esta
procesión consiste en que "Sa Reliquia", que así se denomina a un pequeño
hueso que se conserva del cráneo de la Santa, juntamente con los edículos
de Sant Elmo y San Jaime, son llevados desde la
Parroquia
hasta la playa por pescadores descalzos y vestidos a la antigua usanza, y
acompañados por banda de música y el repicar de las campanas. También
participan en la procesión cuatro servidoras de la Santa, a las que se les
denomina "ses obreres", y niños vestidos de ángel. A uno de ellos se le
llama "El Ángel Porrer" y la "Marabadessa", servidora de la Santa, que va
vestida de negro. También van en la comitiva las autoridades locales y el
clero, así como numerosos visitantes y lloretenses que se unen al
festejo. Una vez en la playa, la reliquia e imágenes se embarcan con
rumbo a la
playa de Santa Cristina. Las barcas van engalanadas y
acompañadas por numerosas embarcaciones de todo tipo. Hay costumbre de que
los presentes de gritos de "S'amorra, s'amorra" cuando la barca portadora
de la imagen toca la arena de la playa. Una vez arribados a
Santa Cristina se celebra una misa en el Santuario y,
tras ésta, se cierra el acto con una comida de hermandad debajo del "Pi
Gros", pino centenario al que se calculan más de 500 años de
existencia. Por la tarde de ese mismo día, delante del
Ayuntamiento
y presidido por las autoridades y con la concurrencia de numerosos
asistentes, se celebra el "Ball d'almorratxes", danza antiquísima que
recuerda la leyenda en la que un noble árabe, enamorado, ofrecía a una
joven prisionera cristiana una jarrita de cristal de cuatro puntas
(L''almorratxa), adornada y llena de perfume y flores, al solicitarle un
baile. La prisionera, no queriendo renunciar a su fe, y como muestra de
repudio, lanzó al suelo el jarro, rompiéndolo. Esta danza es ejecutada
por cuatro parejas. En un momento del baile todos lanzan "L'almorratxa" al
suelo, rompiéndola, debiendo el varon ofrecer una nueva a su pareja si
quiere continuar la danza. Antiguamente, la fiesta era más o menos
importante según la cantidad de jarritas que se
rompían.
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